Chacra La Constancia, en San Martín de los Andes

Frambuesas

Confieso que caigo rendida frente a la fruta fina. Pueden ser moras, frambuesas, casis, cerezas o guindas. Sea cual sea la variedad, sus sabores me resultan irresistibles. Tal es así que cada vez que viajo a la Patagonia cruzo los dedos por encontrar alguna de estas deliciosas frutas. En temporada de verano es fácil conseguirlas en cualquier frutería pero en los últimos años el cambio climático viene jugando una mala pasada y así es como se alteran los ciclos de cultivo y cosecha. Eso fue lo que me sucedió la última vez que visité San Martín de los Andes.

Por lo general, diciembre es un mes de mucha fruta fina y uno puede encontrar platos elaborados en base a estos productos en cualquier restaurante y casa de té de la ciudad. Sin embargo, encontrarlas frescas resulta toda una odisea.

Hasta hace unos años había varias chacras dedicadas a su cultivo en las que no sólo se podía conseguir fruta fina y mermeladas caseras sino que además invitaban a una interesante propuesta para quienes disfrutan del agroturismo: la posibilidad de participar de las cosechas, con expertos cosechadores que explican todo el ciclo de las frutas. Belwel era la granja más famosa de la ciudad, la que atraía a la mayor cantidad de turistas. El problema es que la chacra quebró unas temporadas atrás y desde entonces se abrió una suerte de agujero negro para quienes disfrutan de este tipo de paseos.

Luego de mucho preguntar entonces, logré dar con La Constancia, la única chacra que, situada en un maravilloso valle que nace a la vera de la ruta 234, ofrece un paseo por sus robustos frambuesos y cerezos. La granja es desconocida para muchos aunque provee de fruta fina a una gran cantidad de restaurantes y casas de té de la ciudad. Creció gracias al dedicado trabajo de Pablo MacKinley, un hombre que hace 20 años abandonó la seguridad de la cosmopolita Buenos Aires para afincarse en este lugar que, por entonces, era casi un desierto. Poco a poco fue mejorando la granja hasta crear este pequeño paraíso, con un arroyo que lo cruza, vacas que proveen de leche para elaborar dulce de leche casero y numerosas filas de plantas y árboles en donde las diversas frutas miran al sol.

La Constancia es el reflejo del esfuerzo de este hombre y su mujer de herencia mapuche, Florinda, quien desde la cocina nos agasaja con el aroma de los dulces elaborados con manos propias y una charla amena, sincera, de esas que sólo se tienen en el campo. También con la de sus dos hijas, Luciana y Aylín, quienes colaboran con las cosechas cada año y explican a los turistas los pormenores de la fruta y sus derivados.

La vida de la granja no está exenta de historias y tal vez la más importante sea la de este matrimonio que se conoció hace veinte años cuando Pablo fue a visitar la comunidad mapuche de Puente Blanco, que habita la montaña, camino al Cerro Chapelco. El amor nació con el pasó del tiempo –ella por entonces tenía 13 años, él 23- y desde entonces han unido esfuerzos para llevar adelante este emprendimiento familiar que da sus frutos cada año, cuando la fruta madura y de un color rojo intenso desafía los pormenores de la Cumbre de Copenhague y se atreve a salir.

Para conocer la granja:

· Dirección: Bello y Callejón de Gingins.
· Entrada: gratuita
· Horario: lunes a viernes de 9 a 12 y de 15 a 18 horas.

Foto Vía: Plantas medicinales

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Categorias: Artículos sobre Argentina, Patagonia



Comentarios (1)

  1. Pupi Michell dice:

    Hola!El lunes viajó a S.M. De los Andes y quiero visitar la granja.Como voy desde el centro de S.Martin?Por favor necesito que me guíen.Gracias.

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