El Chaltén, de pueblo alpino a villa turística

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Hace algunos años, quizá doce o quince, El Chaltén era un pequeño pueblo de montaña. Apenas si podía ser llamado así pues apenas si estaba conformado por un puñado de casitas pequeñas de madera situadas en un lugar privilegiado en el corazón de la Patagonia argentina.

En medio de un maravilloso valle y con el monumental Cerro Fitz Roy custodiándolo, la villa había nacido casi por azar de la mano de algunos escaladores que llegaban a estas latitudes para subir las desafiantes montañas de la zona.

Unas 70 familias habitaban El Chaltén en 1997 y el pueblo nacido a la vera del Río de las Vueltas aún no tenía calles asfaltadas, aunque sí un gran puente de metal que contrastaba con los picos montañosos. La luz se cortaba a las 12 de la noche y el epicentro del lugar era un pequeño bar de madera llamado «La Senyera» en donde los turistas se reunían al caer la tarde y luego de realizar los diversos paseos a los que invita este lugar. Si bien había algunos pocos hoteles el camping era la opción para muchos aventureros que deseaban pasar unos días alejados del ritmo de las ciudades.

Este pintoresco retrato de El Chaltén quedó truncado bajo la luz del crecimiento. Para quienes no han conocido el pueblo en oportunidades anteriores, este lugar aún es soñado. Con varios hoteles y unos cuantos restaurantes, la villa ofrece la posibilidad de tocar las montañas con las manos con sólo alejarse unos metros y emprender algunas de las rutas más conocidas: Laguna de los Tres, Lago de Desierto o el famoso Fitz Roy. Sin embargo, el cada vez mayor turismo que llegan al Chaltén han cortado vorazmente la poética natural de este lugar.

En lugar de una larga calle desierta, para llegar al Chaltén ahora uno atraviesa una avenida asfaltada que conduce hacia una estación de gasolina para continuar viaje hacia el centro, ahora más comercial y urbano.

Si bien esto es algo natural en casi todos los sitios que en pocos años crecen mucho en El Chaltén los factores sociales incidieron sobremanera en el estilo que adquirió la ciudad. Porque la mano de obra es demasiado cara al sur de la Patagonia y es por eso que quienes eligen este pueblo como su nuevo hogar construyen sus viviendas sin ayuda alguna y con sus primarios conocimientos de construcción. Este factor ha devenido en una arquitectura desprolija y poco planificada, que nada tiene que ver con esa pequeña villa alpina que supo conquistar a los pioneros que se acercaban a este estratégico punto del mapa de Santa Cruz.

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