Viedma y Carmen de Patagones, segunda parada

Viedma

Luego de andar unas cuantas horas por la ruta 3, uno comienza a sentir algo que podríamos llamar como“sed de civilización” o, lo que es lo mismo, cierta ansiedad de llegar a algún sitio que pueda atestiguar que no somos los únicos habitantes de estas tierras.

Y así es como el atardecer de esa segunda jornada de caminos nos encuentra en la ciudad de Viedma, la capital de la provincia de Río Negro, al límite con Buenos Aires. A estas alturas ya hemos transitado 916 km de paisaje y este centro urbano tranquilo y arbolado producto de un sistema de riego muy cuidado nos parece una ciudad cosmopolita al mejor estilo de Nueva York o Londres. Pero lejos está de serlo, por el contrario y a pesar de que es la ciudad más importante de la provincia allí se respira cierto aire plácido y sereno que la aleja de los estereotipos de las ciudades más urbanizadas.

Situada a orillas del río Negro, su otra cara es la antigua ciudad de Carmen de Patagones, que se encuentra al otro lado de la orilla y, de alguna manera, se define por su antagonismo con Viedma.

Como si se tratase de una típica relación de hermanos, conviven con los amores y odios de quienes comparten espacios comunes. En lenguaje freudiano: unidas frente a los abismos comunes, separadas por las rivalidades típicas de dos sitios que luchan por sobrevivir y se encuentran en provincias diferentes, Viedma en Río Negro, Carmen de Patagones en el extremo más austral de Buenos Aires.

Carmen de Patagones

Y así es como mientras la primera repara en su bonita parquisación, en su divertida costa en tiempos de verano y ese lugar mágico llamado La Boca –el sitio preciso en el que las aguas del Río Negro desembocan en el Océano Atlántico- la riqueza de Carmen de Patagones está en su arquitectura antigua, en sus viviendas estilo colonial y en ese aire bohemio que se respira en cada rincón y que de alguna manera nació de la mano de la intensa actividad portuaria que supo tener en siglos pasados.

El presente es de sana armonía, de convivencia a fuerza de aprendizaje y de entendimiento. De alguna manera, han sabido como limar asperezas y superar estoicas los fuertes vientos de la Patagonia.

Pero nosotros sigamos, sigamos rumbo a la Patagonia.

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