Primeras impresiones del viaje a la Patagonia

ruta 3 cartel

Apenas salimos de la ciudad portuaria de Bahía Blanca encontramos el primer escollo en el camino: ¿qué cruce debemos tomar para transitar la ruta 3?… Uno pensaría que por tratarse de la ruta más transitada de la región patagónica, debería estar bien señalizada, con carteles verdes que sirvan de brújula a la hora de marcar nuestro norte. Lo curioso es que no, como os contaba, de alguna manera viajar por la Argentina es una aventura hacia el desconcierto y la sorpresa, en donde la falta de pautas y los imprevistos forman parte de la aventura.

Así que bien, cierta mañana de marzo nos levantamos muy temprano y dejamos atrás esa tranquila ciudad para llegar a un gran cruce que puso a prueba nuestros sentidos. No hubo mapa que sirviera de ayuda por lo que terminamos preguntándole a un hombre que casualmente caminaba por allí.

Entonces sí, finalmente tomamos esta popular ruta que recorre la costa atlántica del país desde Buenos Aireshasta Ushuaia.

Una vez que uno abandona los límites de la provincia de Buenos Aires comienza a percibir verdaderamente que es eso que llaman “Patagonia”. Porque no se trata apenas de un paisaje frío típico del sur argentino sino de un territorio desolado y despoblado en donde sólo de tanto en tanto se divisa alguna que otra ciudad, un pequeño pueblo, una villa perdida.

La ruta 3 es quizá el último anclaje de vida urbana que uno percibe al adentrarse en la patagonia. El resto es viento, desierto, estepa, soledad. Y de tanto en tanto, el mar azul del Atlántico que nos regala una mirada junto al camino.

Estación

Pero aún faltaba un gran recorrido para conocer las entrañas más profundas de esa parte del país, por el momento apenas comenzábamos a divisar los rastros de una Argentina que parecía distinta a la que dejamos en la Capital Federal. Recorrimos kilómetros y kilómetros esa jornada, horas que se sienten como años si uno no siente pasión por las rutas.

La música es buena compañera de viajes, una buena charla también y, para nuestra sorpresa, las estaciones de gasolina se transformaban en grandes aliadas, siempre dispuestas a proveernos de agua caliente, de un momento para distraerse y comprar galletas. O conversar con el vendedor. O simplemente respirar el aire puro de ese paisaje soberbio.

Eso si, sin perder de vista nuestra siguiente parada: Viedma.

Print Friendly, PDF & Email



Etiquetas: ,

Categorias: Artículos sobre Argentina, Patagonia



Deja tu comentario