El microcentro porteño, el corazón del país

Microcentro porteño

Y un día más, y aunque ya conocemos gran parte de los principales puntos turísticos de la capital argentina, continuamos con nuestro viaje a Buenos Aires acercándonos a su corazón, al microcentro porteño.

Desde siempre Buenos Aires ha sido el epicentro de la vida de Argentina. No es para menos, esta capital de dimensiones eternas y estilo europeo reúne cerca de 4 millones de habitantes y concentra la mayor cantidad de empresas del país.

“Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires”. Este dicho forma parte de la cultura popular de quienes viven el interior, ese “espacio” conformado por todo metro cuadrado por fuera de esta hermosa capital que ha logrado entremezclar con éxito la cultura de los ancestros españoles e italianos con las costumbres locales. Y es que aún cuando provincias como Córdoba, Mendoza o Neuquén son también grandes centros industriales muchas de las empresas tienen su sede central en la capital del país.

Esta realidad golpea en los corazones de los que viven a una distancia prudencial de esta ciudad que late a ritmo acelerado en el cono sur de América e incluso genera cierto resentimiento hacia los porteños, los habitantes de la capital. Al igual que en otros países, el enfrentamiento se transmite de generación en generación y es fruto de una larga historia que nace de la mano de unitarios y federales, dos bandos políticos que se debatían el control del país ya sea en forma independiente para cada provincia o bien concentrando las decisiones en Buenos Aires.

Basta caminar por las calles del Microcentro porteño para dar cuenta del poderío de la enorme ciudad. Son cuadras y cuadras de monstruosos edificios con ventanales de vidrio en los que se pueden ver los nombres de numerosas firmas internacionales. También hay antiguas construcciones de la época colonial que sirven de guarida a las firmas nacionales y se esconden en calles angostas como Reconquista, Maipú, San Martín o Tucumán.

Durante la semana, la vida laboral pasa por el microcentro y así es como día a día una legión de trabajadores llega puntualmente a las 9 am para comenzar una nueva jornada laboral. Después de las seis, el microcentro se vuelve pueblo de fantasmas y queda en silencio, salvo por algunos bares y restaurantes que ofrecen “Happy Hour” para mantener el pulso de este alocado barrio que comanda la nave del país.

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Categorias: Ciudad de Buenos Aires



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